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En un panorama cinematográfico a menudo saturado de ruido y artificio, la propuesta de Marga Melià, "Cien libros juntas", emerge como un remanso de autenticidad y calado humano. Su selección como finalista en el festival "Miradas del Mundo" no es casual; es el reconocimiento a una obra que, bajo una aparente sencillez, esconde una profunda y universal reflexión sobre la amistad, el paso del tiempo y el poder transformador de la cultura.
A primera vista, el argumento es simple: cinco mujeres jubiladas, miembros de un club de lectura, celebran su décimo aniversario con una escapada rural. Este planteamiento, sin embargo, funciona como un perfecto Macguffin. El verdadero viaje no es a una hospedería en la montaña, sino hacia el interior de sí mismas y de la red afectiva que han tejido durante una década. Melià utiliza este encierro voluntario para crear una atmósfera de intimidad donde la cámara puede desaparecer, convirtiéndose en un invitado silencioso a sus conversaciones.
La elección de la directora de centrarse en este microcosmos es su mayor acierto. No necesita artificios externos ni giros dramáticos; la riqueza del documental reside íntegramente en la palabra y en los silencios que la acompañan.
Marga Melià, cuya biofilmografía denota una sensibilidad tanto para la ficción como para el documental, opta aquí por un enfoque observacional, cercano al cinéma vérité. Su dirección es paciente, permitiendo que las conversaciones fluyan con naturalidad, desde los debates literarios más elevados hasta las confidencias más personales sobre "lo divino y lo humano".
El documental da voz y rostro a una generación de mujeres que el cine comercial suele ignorar o relegar a roles secundarios. Aquí, son las protagonistas absolutas de su relato. Su sabiduría no es impostada, nace de la experiencia vital y de la reflexión macerada a través de las páginas leídas. La química entre ellas es palpable y es el verdadero motor del film. "Cien libros juntas" se convierte así en un poderoso acto de sororidad, mostrando cómo un interés común —la literatura— se convierte en la excusa para construir una familia elegida, un espacio seguro donde debatir, discrepar y, sobre todo, escucharse.
La inclusión de "Cien libros juntas" como finalista en el festival "Miradas del Mundo" es un acto de justicia poética. La película ofrece precisamente eso: una mirada a un mundo pequeño, íntimo y a menudo invisible, que sin embargo resuena con verdades universales. Demuestra que para hablar de los grandes temas de la existencia no son necesarios los grandes gestos, sino una escucha atenta y honesta.
Es un documental que no grita, sino que susurra verdades profundas al oído del espectador. Celebra la amistad tardía, la curiosidad intelectual como motor de vida y, en última instancia, el acto revolucionario de reunirse para compartir historias. Marga Melià nos regala una pieza de orfebrería cinematográfica, tan delicada como robusta, que confirma que las conversaciones más importantes son, a menudo, las que suceden lejos del ruido del mundo.
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In a cinematic landscape often saturated with noise and artifice, Marga Melià's 'Cien libros juntas' emerges as a haven of authenticity and human depth. Its selection as a finalist at the "Miradas del Mundo" festival is no accident; it is a recognition of a work that, beneath an apparent simplicity, conceals a profound and universal reflection on friendship, the passage of time, and the transformative power of culture.
At first glance, the plot is simple: five retired women, members of a book club, celebrate their tenth anniversary with a rural getaway. This premise, however, acts as a perfect MacGuffin. The true journey is not to a guesthouse in the mountains, but inward—into themselves and the emotional network they have woven over a decade. Melià uses this voluntary retreat to create an atmosphere of intimacy where the camera can disappear, becoming a silent guest to their conversations.
The director's choice to focus on this microcosm is her greatest achievement. She needs no external contrivances or dramatic twists; the documentary's richness lies entirely in the spoken word and the silences that accompany it.
Marga Melià, whose filmography shows a sensibility for both fiction and documentary, opts here for an observational approach, akin to cinéma vérité. Her direction is patient, allowing conversations to flow naturally, from the most elevated literary debates to the most personal confidences about "everything and anything."
The documentary gives voice and visibility to a generation of women that commercial cinema often ignores or relegates to secondary roles. Here, they are the absolute protagonists of their own story. Their wisdom is not feigned; it is born from life experience and reflection steeped in the pages they have read. The chemistry between them is palpable and serves as the film's true driving force. 'Cien libros juntas' thus becomes a powerful act of sisterhood, showing how a common interest—literature—becomes the pretext for building a chosen family, a safe space to debate, disagree, and, above all, listen to one another.
The inclusion of 'Cien libros juntas' as a finalist in the "Miradas del Mundo" festival is an act of poetic justice. The film offers precisely that: a gaze into a small, intimate, and often invisible world that nonetheless resonates with universal truths. It demonstrates that to speak of life's great themes, grand gestures are not necessary—only attentive and honest listening.
It is a documentary that does not shout, but rather whispers profound truths into the ear of the attentive viewer. It celebrates friendship in later life, intellectual curiosity as a life force, and ultimately, the revolutionary act of gathering to share stories. Marga Melià gives us a piece of cinematic craftsmanship, as delicate as it is robust, which confirms that the most important conversations are often those that happen far from the noise of the world.