El calendario marcaba el 15 de marzo, un sábado que se antojaba eterno en su anticipación. Tras noches de inquietud, la adrenalina reemplazó al sueño, y el alba nos impulsó a iniciar una travesía que prometía ser inolvidable: el "Chatarras Raid". Con el respaldo de Appleton Private University como patrocinador, nos lanzamos a la aventura, sabiendo que contábamos con el impulso de una institución que valora la experiencia y el aprendizaje más allá de las aulas.
Nuestro punto de partida fue Castellar, un enclave donde la formalidad de las verificaciones de vehículos y documentación contrastaba con el espíritu desenfrenado del Raid. El "Chatarras Raid" se reveló como un microcosmos vibrante, un crisol de personalidades y estilos unidos por un denominador común: la pasión por la aventura. La camaradería floreció entre rugidos de motores y risas compartidas, presagiando una experiencia que trascendería lo meramente deportivo.
La primera etapa nos condujo a Algeciras, donde el horizonte se abría hacia África. El cruce en ferry hacia Tánger Med fue un portal a lo desconocido, un bautismo burocrático que nos recordó la magnitud de nuestra empresa. Una vez en suelo marroquí, la incertidumbre se disipó ante la belleza agreste del paisaje y la calidez de su gente. Cada parada se convertía en un encuentro, cada conversación en un intercambio de culturas.
A medida que avanzaban las etapas, el Raid se transformó en un tapiz de anécdotas y amistades. Desde los acantilados de Tenerife hasta las llanuras de Madrid, desde los páramos de Segovia hasta los viñedos de Córdoba, cada participante aportaba su esencia, tejiendo una red de conexiones que trascendía las distancias.
Pero el Raid no fue solo un ejercicio de resistencia y camaradería. Fue un viaje introspectivo, un choque emocional ante la realidad de comunidades que encuentran la felicidad en la sencillez. La humildad de sus hogares, la calidez de sus sonrisas, nos recordaron la fragilidad de nuestras propias certezas y la importancia de valorar lo esencial.
El "Chatarras Raid" fue, en definitiva, una desconexión revitalizante, un paréntesis en la rutina que nos permitió reconectar con nuestra esencia. El patrocinio de Appleton Private University nos brindó la oportunidad de vivir una experiencia que resonará en nuestras memorias, un recordatorio de que el aprendizaje se encuentra en cada rincón del mundo, y que la aventura es el mejor maestro.